jueves, 7 de octubre de 2010
miércoles, 2 de junio de 2010
Cerca de las 7:00 de la noche del domingo, cuando para la mayoría de los barranquilleros es el momento de quedarse en sus casas descansando de una larga semana, para un grupo de aficionados la noche apenas comienza.
Acababa de llegar al barrio residencial Villa Campestre a las 5:30 de la tarde. A medida que me voy acercando cada vez más al lugar de encuentro, veo motos Harley Davidson de todo tipo y color, cerca de 15 motocicletas se encontraban parqueadas en el sitio. La camaradería y buen ánimo se respiran en el ambiente. Los motociclistas con cerveza en mano, a pesar de parecer rudos se muestran realmente amigables, sus chalecos de cuero y el símbolo de Harley Davidson por todas partes, se reían haciendo bromas y hablando de política, motores y demás accesorios para las motos. Los motores ensordecen los oídos y contagian esa emoción y adrenalina que solo se entiende cuando se está rodeado de esta atmosfera.
Darío López, profesor de relaciones internacionales y Harleysta de corazón, se apresuró a recibirme y presentarme al resto del grupo de los Cannibal Bikers, el cual lleva 7 años formado viviendo una misma pasión, según ellos tener una Harley Davidson no es solo tener un vehículo más y es por este motivo que aunque respetan el gusto por otros tipo de motos, en su grupo solo son aceptadas las Harley.
- Esto es un estilo de vida, una forma de vivir y de expresarse. Somos como una segunda familia. Nos reunimos de vez en cuando y nos vamos por ahí a rodar. Esto es lo que nos apasiona –Comenta Darío con los ojos iluminados.

Darío comparte con los Cannibal Bikers, desde hace varios años. Ellos son un grupo de amigos que desde hace mucho tiempo los unió el amor por las motocicletas de alto cilindraje. Hace un par de años se reunían en la estación de gasolina de la calle 84 y salían todos los jueves a las 6 de la tarde a rodar por la ciudad y en algunas ocasiones se iban hasta Puerto Colombia o Cartagena. Pero tras un par de incidentes con otros grupos de motociclistas y quejas por parte de algunos usuarios y trabajadores de la estación de gasolina, la policía de la ciudad resolvió que no era del todo seguro que se reunieran en ese lugar y prohibió dichos encuentros.
-Esas épocas eran buenas. –Dice tras una sonrisa algo nostálgica- habían jueves que nos daban ganas de irnos a Hard Rock y nos íbamos de una hasta Cartagena. Además que era bacano cuando nos reuníamos en la estación de gasolina y la gente llegaba a vernos, no solo estábamos nosotros, sino los grupos de super bikes, las cuatrimotos... Ahora aunque tratamos de reunirnos con frecuencia los domingos, muchas veces no podemos por asuntos familiares o de trabajo, se nos ha hecho más difícil.
A pesar de eso, ni Darío ni sus compañeros, dejan atrás lo que dicen es su más grande pasión. Las motocicletas para ellos representan su vida, su libertad, basta con oírlos hablar sobre ellas para entender de inmediato lo que estos aparatos significan para sus vidas.
En el caso de Darío su amor por ellas empezó desde muy temprana edad. Cuando tenía 7 años, su papá quien también es apasionado de las motocicletas, le regalo su primera moto.
-Esa la estoy restaurando para dejarla original tal cual me la regalo mi padre, para cuando nazca mi hijo poder darle su primera moto.
Su esposa Sandra se ríe al escucharlo decir esto, y él la mira compartiendo una mirada cómplice.
Darío y Sandra, no solo comparten el amor que los dos sienten por el otro desde hace ya casi 5 años, sino que los dos concuerdan en que hasta que nazca su hijo, su única bebé será la Harley Davidson Dyna Street de Darío.
Sandra acompaña a Darío a todos los eventos y los dos son igual de devotos a estos vehículos.
-Cuando nos casamos yo llegué en la Harley –me cuenta graciosamente y con una sonrisa en el rostro- nos fuimos en caravana a la iglesia, todos en Harley y las dejamos parqueadas afuera. Luego después de la ceremonia, Sandra y yo nos fuimos a la fiesta en la moto. Es que como te dije, esto ya hace parte de nuestras vidas.

Continúo conversando con Darío mientras nos tomamos una cerveza. Me llama la atención su camiseta con el logo de Harley Davidson, gafas oscuras para protegerse de los últimos rayos del sol que empezó a esconderse y una pañoleta negra igualmente marcada, las mismas palabras se repiten en la hebilla de su cinturón y así mismo en los accesorios que usa su esposa.
Cada vez más me doy cuenta de lo errada que estaba en el concepto que tenía de los Harleystas, en lo único que acerté era en ese atuendo que llega a ser místico y que hace que te den ganas de ser uno de ellos. Siempre pensé que eran pandilleros, vagos y patanes; eso es lo que nos vende la televisión y las películas. Darío por el contrario es un profesional trabajador y amable, felizmente casado, con una maestría en negocios internacionales y profesor de una universidad de prestigio, amigable y familiar, que de vago y pandillero no tiene nada.
-Ese es el concepto que todo el mundo tiene de los Harleystas. –Me dice mientras toma un sorbo de cerveza y continua con la sonrisa que ha tenido durante casi toda la conversación- la única diferencia entre un niño y un adulto son el precio de los juguetes. Estos son nuestros jugueticos, y nos toca trabajar duro pa mantenerlos. Aquí todos somos profesionales: médicos, arquitectos, profesores, hay de todo.
Resulta simpático pensar que esa persona que vi en la universidad la primera vez que lo conocí, con libros en la mano, dictando clase con su vestimenta seria que solo contradecía un poco cuando hablaba con ese desparpajo y soltura que lo caracteriza; fuera la misma persona que ahora, con cerveza en mano, pañoleta en la cabeza, y fumando un tabaco me hablara con tanta pasión sobre las motos. Es que no es el plan en el que te imaginas a un profesor de universidad. Darío se quita las gafas y me dice:-Yo creo que cuando me muera voy a querer que me entierren con mi Harley.
Sandra lo interrumpe para regañarlo por hablar sobre esas cosas y el vuelve a sonreír tomando otro sorbo de cerveza mientras que me pica el ojo a manera de compinchería.
En ese momento uno de los miembros da la señal para avisar que es el momento de empezar a rodar. Cada uno de los presentes, se monta en su vehículo y empiezan a calentar los motores. El sonido es abrumador, pero funciona como un detonante interno de adrenalina que recorre todo el cuerpo con el retumbar de las motos. Las acompañantes de los motociclistas también se alistan para el recorrido, se ponen sus chaquetas y sus cascos y esperan que las motocicletas estén listas para salir al ruedo.
Darío se coloca unos guantes de cuero para evitar maltratarse las manos con el manubrio de la moto, se ajusta la pañoleta y mientras calienta el motor se termina de fumar su tabaco.
-ahora viene la mejor parte –me dice con una sonrisa pícara- no hay nada como sentir la brisa pegándote de frente cuando vas en la moto, ya vas a ver.
Me comenta que normalmente van hasta la ciudad, pasan por la vía cuarenta, llegan a un bar a tomarse una cerveza, luego dan un par de vueltas por las principales calles y terminan el corrido. Pero en esta ocasión darán también una vuelta por Puerto Colombia y allí decidirán si les da tiempo de ir a Cartagena y regresarse antes de media noche.
Me ofrece montarme con él y hacer el recorrido con el grupo. Pero le confieso que me da un poco de miedo la velocidad y que nunca me he montado en una moto. Él insiste y junto con Sandra me convencen en hacer el recorrido y me aseguran que no van tan rápido como yo me imagino, pero les aclaro que no puedo ir a Puerto Colombia y menos a Cartagena, así que les digo que una vez lleguemos a la ciudad me dejarán en mi casa. Ellos aceptan el trato, sonrientes.
Sandra se monta en otra moto con uno de los Caribbean Bikers que iba solo, y yo me monto con Darío. Una vez más le manifiesto mi temor y él tranquiliza:
-Relajada que yo manejo moto desde antes que tú nacieras –se ríe y continua- esta es mi vida, yo corro para vivir y vivo para correr, te lo aseguro.
jueves, 13 de mayo de 2010
Dos semanas después de aquel altercado, recibió en casa la visita del palabrero. La prioridad en aquel momento era solucionar el conflicto en el que se había visto involucrado. Aquella noche en medio de tragos y junto algunos amigos, agredió a uno de sus acompañantes, dejándolo gravemente herido. Nadie recuerda con exactitud porque terminaron las cosas en ese punto, puesto que todos los presentes se encontraban en alto grado de alicoramiento.
Su nombre Carlos, alto, acuerpado y moreno de unos 30 años, e indígena wayuu. En ésta comunidad, por tradición quien resuelve los problemas familiares e intrafamiliares es el palabrero, al que algunos comparan con un abogado para los alijuna (no wayuu), el palabrero no es más que aquella persona que interviene por una de las partes implicadas y que busca que ambos lados superen el inconveniente presentado. En su condición de conocedor de la ley wayuu.
Lo único que se ha tejido de aquella noche se debe a los escuetos testimonios de los presentes, quienes recrean el hecho en la plaza de Uribia. Ya había pasado la media noche. Estaban en una cantina solitaria, al igual que la plaza en ese momento, la música provenía de un equipo de sonido agotado. Del grupo dos estaban a punto de dejar caer su cabeza sobre el pecho. Eran siete, Carlos se levantó de su silla, se dirigió hacia al frente, arrastrando sus pies sobre el piso de cemento. Fue en busca de la botella de old parr, Marcos era quien sostenía la botella, lo hacía como podía, pero lo que tenía bien claro, era que no quería entregarla.
La familia de Marcos (parte afectada) busca un palabrero, en el que confía plenamente, cómo para dejar en sus manos un problema con éste. Lo mandan a buscar y éste llega a la casa de la familia, quien afronta la situación es el tío materno, por ser de la parte húmeda, (lado materno), así que es quien responde o da la cara en medio de un problema. La situación fue comentada al palabrero, quien exigió un testigo locuaz de la situación, para fortuna, sí había uno, el cantinero, pero sólo presenció desde el momento en que Carlos pedía la botella.
“Ellos forcejearon, el muchacho no soltaba la botella y el otro se molesto rapidito”.
Carlos se fue encima de Marcos, ambos cayeron al piso. La botella se partió, pedazos de vidrio se incrustaron en la mano de Marcos, quien aún con fuerza sostenía en su mano lo que quedaba de la botella, a lo mejor ni siquiera era consciente de que estaba partida. Su fuerza sólo estaba en su mano, era mucho más delgado y bajo que Carlos así que tenía las de perder.
Un pedazo mediano de vidrio estaba en punta sobre el piso y justo hasta ese espacio Carlos llevó la cabeza de Marcos. El día después del problema Carlos se encontraba asustado, no quería que su familia se enterara, pero como todo pueblo pequeño, las historias se pasean por las calles, sin encontrar peaje alguno.
A las dos semanas llegó el palabrero a casa de Carlos. – Buenas, yo vengo de parte de la familia de Marcos y vengo a traer la palabra, ¿está el tío de Carlos? –
- Sí, ya se lo llamo, contesto Yilisam, prima de Carlos-.
Se reunieron en el patio, el palabrero le contó al tío de Carlos, la situación vivida por la familia de Marcos y lo que ellos estaban pidiendo para arreglar el problema. Acá el problema es la solución al mismo, en la medida que la situación determina el pago y la manera como se aborde por el palabrero. En total 15 chivos, un collar y dos millones de pesos. Los chivos son los animales del territorio, comida. Los collares representan una joya que cobra mucha relevancia en estas personas y debe ser hecho por la misma familia y el dinero cubre los gastos que la familia invirtió en el herido.
El momento en que cada familia se reúne para acordar el pago de lo exigido y mientras se trabaja para conseguirlo, es equivalente al dolor que puede sentir un alijuna (no wayuu), si cae preso. Para los wayuú no es cuestión de darle un valor económico a cada incidente, acá lo que vale es el hecho de desprenderse de algo que tiene valor para cada familia. En caso tal que la familia del agresor no éste de acuerdo con el monto, el palabrero interviene y plantea situaciones, aludiendo a su carácter de responsabilidad, justicia e interés por llegar a un acuerdo entre las partes, persuade, convence, raciona y busca insistentemente llegar a un consenso.
Después de llegar al acuerdo del monto, se fija la fecha, la cual varía dependiendo de la cantidad, puede ir de semanas, meses o años. Acá lo que vale es el valor de la palabra, en el sentido que ésta adquiere un valor de compromiso, y si existe uno de realizar un pago en determinado momento, la familia está en la obligación de cancelarlo, de lo contrario perderá la autoridad moral en la comunidad para reclamar si llega a verse afectada en otra ocasión.
Todo el proceso de significados, el ir, llevar la palabra, el acuerdo y el pago, cobran fuerza en el sentido que a través de la figura del palabrero, se toman de la mano para dejar de lado un problema, aquellos que pueden ir desde muertos, violaciones, robos y agresiones. El diálogo o la palabra en todo su esplendor a través del palabrero, hombre que trabaja la palabra toma la forma de fuerza conciliadora, para que así la idea de paz y tranquilidad ronde en los wayuu.
Sara Hernández C.
miércoles, 12 de mayo de 2010
UNA HISTORIA DIFERENTE
“Cuando veo a los niños que piden plata me dan ganas de darles una casa y alimento” Eso dice Andrea mientras mira a unos niños jugar en la esquina, ella es una mujer con una belleza grandísima, incomparable. Cuando camina por las calles todo mundo la observa, muchos buses le paran y los conductores se la quedan viendo, y cuando las personas la conocen se quedan asombrados con su forma de ser, ya que es una persona muy colaboradora, ama a lo animales y siempre esta sonriendo. Andrea siempre viste de jeans y camisas, con el pelo largo y sin maquillarse, debe ser por que ella no necesita eso. Todos los días sale a entregar su calidez, ella trabaja en una fundación para niños discapacitados.
Andrea cuenta que sólo piensa en todas esas personas a quienes ella ayuda y que se ha propuesto dejar de ser parte de aquel grupo que se preocupan por sí mismos para unirse a ese pequeño grupo del que esta completamente apegada, el que se preocupa por los demás. Ella dice que antes era una de las que se preocupaba por si misma, no le importaban las personas que la rodeaban. Se preguntaran ¿pero que fue lo que la hizo cambiar?
“El cambio fue muy doloroso” es lo que responde a esa pregunta. “Hace alrededor de 10 años cuando era una de las personas mas bonitas de soledad, vivía con mi novio pretendíamos casarnos pero un día íbamos en la moto cuando nos estrellamos él se accidentó y yo perdí una pierna, y como puedes ver, se me desfiguró la cara” Una sonrisa se posa sobre sus labios y continua diciendo: “Desde ese momento en que quede discapacitada me he dado cuenta como se vuelve la vida para todas aquellas personas que por accidentes o por nacimiento pierden una extremidad, y desde entonces me he dedicado a ayudar a niños con estas discapacidades”.
Así, por estos infortunios la gente detiene su andar, la observa y a hasta la ayudan como ayudarían a una de las mujeres mas bellas de barranquilla, solo con la triste diferencia de que Andrea ha dejado de ser esa mujer tan físicamente hermosa. Aún así cuando logras conocerla como lo logré hacer mientras pude hablar con ella puedes caer en la cuenta de que las personas no todas son bellas por lucir de esa manera en su exterior, muchas veces la belleza toma otra forma, así como la belleza de Andrea que irradia desde su interior y por la que hoy en día ya tiene un hogar, con un esposo trabajador y dos niños uno de 4 años y otro de 2, un hogar feliz como ningún otro. Gabriel Jaime Quintero
martes, 11 de mayo de 2010
La belleza no es simple vanidad
Son las 7:30 p.m. y el maquillaje de un día entero de trabajo se mantiene intacto, los ojos brillan del sueño y un bostezo interrumpe la monotonía. La tasa de café todavía esta tibia y un sorbo es el impulso de un día que todavía no se termina. Entra una mujer con tallo largo y un uniforme blanco que le quedaba estrecho en la cintura. “¿Quien sigue doctora?” – dice esta eficiente mujer que cumple el papel de secretaria, quien con un porte distinto a quien mencionamos primero todavía retrata la vanidad que toda mujer lleva por dentro. “Que siga Juliana Vives por favor…” vuelve y toma un sorbo de café, bosteza y se rasca los ojos como reflejo de todo ese cansancio que ha sido acumulado por un largo y fuerte día de trabajo. El lápiz se riega. Lo nota por una pequeña mancha negra en sus dedos y con el reflejo del computador se limpia.
Tocan a la puerta, “pase” responde la doctora y un pequeño cuerpo asoma su cabeza por el marco de la puerta, cachetes rosados, grandes ojos y una sonrisa que dejaba ver los dos dientes que faltaban. La pequeña niña sigue y un suspiro de ternura interrumpe el silencio. “Mami, mami ¿puedo jugar?” se para inmediatamente y su atención se pierde en el gran y peludo oso de peluche que refleja la personalidad de esta pequeña criatura. ¿Usted es la madre? – pregunta la doctora, ¿si soy yo, que se le hace raro?, la doctora la mira de pies a cabeza, falda corta, camisa escotada, cabello largo y mucho maquillaje en sus mejillas… “no nada, solo que yo también lo soy y no me veo así… de joven por supuesto” risas irónicas tornaron el ambiente un tanto tenso pero la consulta abrió la conversación a un campo más profesional. ¿Cuénteme que comportamientos presenta la niña?, la mujer hablaba y le contaba los problemas de la pequeña, comportamientos en el colegio, actitudes con sus compañeros, pataletas en la casa y un sin número de razones por las cuales aunque suenen extrañas se encontraba ese día visitándola en la consulta. La boca solo se abría y cerraba y el maquillaje pareciera que estuviese tatuado en su cara, las pestañas no se movían y el lápiz labial rojo intenso distraía la atención. Los golpes del lapicero parecían el refugio a tan escandalosa figura, “perdón, ¿Cuántos años tiene la niña? Inquieta, pregunta. ¿Qué tan joven cree que soy? La doctora se asombra por la respuesta de la madre de su pacientica y un con una sonrisa fingida da a entender no interesarle sino que es necesaria para comprender su sintomatología, la madre suelta una carcajada y disimula su indirecta a tantas miradas… pide un baño y se levanta con la falda casi encima de la espalda.
La pequeña agachada sigue con la mirada el voluptuoso cuerpo de su madre, enseguida mira a la doctora y sonríe. ¿Cuántos años tiene tu mami? Pregunta y aprovecha para saciar su curiosidad, “no lo sé, nunca le he preguntado” al rato, la mujer de grandes pechos sale del baño, se sienta, acomoda su cabello y prosigue. La doctora pareciera aún no escuchar, la intriga la mataba y no podía emitir ningún tipo de diagnostico.
Después de un rato a la madre pareciera que se le requebrara la voz. Se detuvo un instante, seguramente porque ella si era consciente de lo que le atormentaba a su hija, no era un déficit de atención y mucho menos un caso de hiperactividad, lo que su “chiquita” como ella la solía nombrar tenia, era el reflejo de lo que en su casa veía…
Más tarde no pudo evitar soltar el llanto y la doctora sin saber que hacer solo le pasó un pedazo de pañuelo que le había sobrado de una gripa pasada. Preguntó que le sucedía, pero la madre solo sollozaba, la pequeña corrió a sus brazos y la abrazó fuertemente. El maquillaje empezó a correrse, los pómulos se tornaron verdosos y las sombras dejaron a la luz lo que tras ellas se escondían, la mujer bajó a la niña de sus piernas y la mando a jugar fuera del consultorio, al parecer toda esa belleza era una simple fachada, todos los problemas estaban ligados a ella, a una historia donde la belleza solo es un lugar donde esconderse.
lunes, 10 de mayo de 2010
Cronica
Una imagen distorsionada
Por: Daniella Meneses
Mírala como camina con ese vestido, no tiene grasa, no tiene barriga, las piernas flacas, todo el cuerpo en su puesto. Todos los hombres la voltean a mirar y quedan hipnotizados. En cambio yo, se me mueve todo, mi barriga es enorme, , la ropa no me queda y esto me quita las ganas de ir a la universidad. Además, si me voltea a mirar alguien es sólo por burla. Al lado de mis amigas me siento como un elefante. La otra vez un estudiante de la universidad me hizo pasar pena enfrente de mis amigos porque se refirió a mí como un puerquito de alcancía. Me sentí totalmente humillada, todos se rieron de mí.
Es que no entienden, no saben lo que es para mí cambiarme enfrente de un espejo, ponerme la ropa y sentir que nada se me ve bien. En mi casa me viven diciendo que estoy muy gorda, mi novio de 4 años me dejó porque el logró adelgazarse y yo seguí gorda. Soy una persona que trasmito alegría, me río todo el día, soy buena amiga, y me gusta hacer a los otros reír. Por eso todos piensan que soy feliz siendo gorda, pero cuando llego a mi casa me deprimo, hay veces que no puedo parar de llorar. Cuando salgo a la calle, las que llaman la atención son mis amigas, los hombres las invitan a bailar en las discotecas, en cambio yo me tengo que sentar a verlas, o si no me voy para el baño a pasar el tiempo.
Barranquilla, al igual que en muchas partes del mundo la belleza tiene unos parámetros establecidos por los medios de comunicación. Estos, son los que se encargan de vendernos un concepto de belleza que muy pocas personas nacen teniendo. Por esto, las cirugías plásticas, los tratamiento estéticos, las dietas, el gimnasio, etc., han tenido tanto éxito. Porque los hombres, y sobretodo las mujeres tratan todo lo posible para poder acercarse así sea un poco a esta imagen de gente perfecta. Las mujeres nunca están satisfechas con lo que tienen, siempre hay algo que falta para que se puedan sentirse tan flacas como las ‘top models` que salen en las revistas y en la televisión. Tanto es así, que en muchas partes del mundo existen realities en donde las mujeres compiten por llegar a ser modelos, lo que implica que estas deben parecerse a lo que se espera de una mujer en la pasarela.
Hoy hable con mi papá sobre la operación, llevo un año pidiéndole que por favor considere ayudarme económicamente para tener la oportunidad de que me hagan la reducción del estómago. No es un procedimiento fácil, pero los resultados cambiarían mi vida totalmente. He visto a muchas personas que han tenido cambios drásticos, y que más daría yo que poder adelgazarme unos 40 kilos. Sería un sueño hecho realidad.
La cantidad de personas que se realizan la operación de sleeve gástrico o manga gástrica, sigue incrementando, en esta operación no sólo les recortan el estómago si no que también les quitan la glándula que produce la ansiedad. Pero el afán de las mujeres de llegar a pesar esos 50 ó 55 kilos que pesan las modelos se hace cada vez mas evidente. Quieren tener esa silueta perfecta que los medios tanto promocionan y los hombres tanto admiran. Pero el problema no es sólo que se someten a procedimientos peligrosos, si no que muchas veces esta necesidad por querer verse mejor, las puede llegar a conducir a la muerte.
Tengo solución. No seré una gorda el resto de mi vida. Mi papá me va a ayudar a conseguirme el sleeve gástrico por medio de una tutela. Primero tendré que consultar con varios especialistas para que me den sus testimonios y me apoyen en el procedimiento. Iré donde una psiquiatra, que además de recetarme pastillas para la depresión, afirmará que lo único que me sacará de esta depresión es la operación. Un nutricionista dirá que sufro de una obesidad mórbida de segundo grado y que mi único remedio es la manga gástrica para poder mejorar mi salud. Siento una enorme emoción en todo mi cuerpo. Se que no puedo ilusionarme mucho porque todo depende de lo que me respondan de la tutela. Pero no puedo dejar de pensar en cómo será ser flaca. Sentir que los hombres me miran, que la ropa me queda, y no sólo la que ya tengo, si no que pueda comprar ropa nueva sin tener la preocupación de que de pronto no va a haber algo en XL, o poder prestarme con amigas, ya que ninguna es mi talla ahora mismo. Tengo muchas ganas de despertarme y sentirme delgada, verme en el espejo y emocionarme, sentirme bonita.
Los gustos de los hombres de diferentes países pueden variar, algunos prefieren las rubias, otros las trigueñas, otros el estilo latino, ó el árabe, ó las morenas. El hecho es que a pesar de todos estos distintos estilos de mujeres sigue existiendo un molde. Hasta los años 90 se veían en los medios a mujeres saludables, con curvas, eran mujeres más reales. Pero después todo cambio, ahora el prototipo de mujer es una esquelética, sin curvas, andrógina, ya que ni senos tienen. Esta imagen se ha intentado cambiar, de hecho hay varias campañas publicitarias que empezaron a mostrar mujeres comunes y están tratando de promover un estilo de vida más saludable. Pero todavía queda un camino muy largo por recorrer.
Lo logré. Me siento nueva, hace 2 semanas me operé y ya me he adelgazado 12 kilos. Hay algunas personas que me los han notado, otro no. Yo sí me los noto, me queda ropa que antes no me podía poner. No puedo comer si no sopa, jugos, o té helado, y esto ha hecho que me desmaye varias veces. Pero no me importa, de ahora en adelante todo será distinto, no se burlarán de mí. Me faltan 25 kilos más, pero ya comencé, ya puedo tener mi cabeza en alto.